viernes, 29 de abril de 2016

El Espacio de la Solución (VI)

La confusión de nuestra identidad con un rol social es menos clara, que el caso de la confusión de nuestra identidad con cosas materiales.

Este rol es parte de nuestro Ser (en algunos casos nos ha sido impuesto por el exterior) y es sólo uno de los muchos que tenemos; el amor y la paz los buscamos por el reconocimiento que da este rol social o por las cosas materiales que nos proporciona, aunque también en este caso la fuente primaria del amor esta en nuestro propio interior.

Estas reflexiones son aplicables también a los conflictos de pareja o de grupos; el mecanismo es el mismo. No logramos comunicación, ni llegar a acuerdos, por confundir nuestro Ser con las cosas o con nuestros roles sociales, nos volvemos inflexibles y no encontramos soluciones porque sentimos que se esta atacando nuestro Ser esencial, cuando en realidad se trata de elementos exteriores a nosotros.

Vivir con estas confusiones de identidad nos vuelve sumamente vulnerables y endebles, pues tenemos una dependencia total de lo que sucede en nuestro exterior para ser felices y seguros.

Este es el espacio del conflicto y aquí nos preguntamos: ¿Cómo no se puede resolver el conflicto? y con las respuestas que obtenemos, formamos las razones para convencernos y convencer a los demás que no es posible encontrar una solución. Así seguimos manteniendo nuestra energía en un solo punto.

En cambio, cuando dirigimos nuestra energía al Espacio Infinito de la Solución, cuando vemos hacia cualquier otro lugar, acudimos al espacio de todo el Universo.

Para acudir al Espacio de la Solución tenemos que preguntarnos y preguntar a todas las partes de un conflicto: ¿Para ti, cómo si se resuelve el problema? Es una pregunta fácil de hacer y un primer y sólido paso para salir de los conflictos.

Casi siempre que hagamos esta pregunta recibiremos respuestas que efectivamente solucionan el conflicto; algunas veces el problema de las personas es que no pueden generar una solución. Nuestro papel como colaboradores, entonces, será el de ayudarles a hacerlo.

En otras ocasiones  las personas nos presentan su solución e inmediatamente nos tratan de demostrar que no es posible adoptarla porque las otras partes en conflicto no la aceptarán; en la mayoría de los casos estas son meras suposiciones, les podemos pedir que a pesar de su incredulidad se espere un poco y nos permita hacer la misma pregunta a las otras partes y facilitar la creación de una solución común, que a todos deje satisfechos. Cuando tengamos las demás.

Cuando tengamos las demás propuestas podremos mostrarles como hay elementos similares a lo que ellas creían que los otros aceptarían.

La conducta más frecuente que encontramos, es el de la personas que tratan de regresarse, y llevarnos con ellas, al espacio del problema. Esto es, logramos llevarla al Espacio de la Solución solo por un instante y siempre encuentran un recuerdo, una emoción, un argumento jurídico o financiero para volver de nuevo al conflicto. La primera regla aquí, es que no nos lleven con ellos; esto se puede entender claramente cuando encontramos que el Espacio de la Solución no es un paisaje, ni un diagrama, es una actitud frente a los conflictos.